LA MUJER CONFINADA: ESTUDIOS DE GÉNERO Y SEGURIDAD SOCIAL por LUIS EDUARDO DÍAZ

LA MUJER CONFINADA: ESTUDIOS DE GÉNERO Y SEGURIDAD SOCIAL por LUIS EDUARDO DÍAZ

Titulo del libro: LA MUJER CONFINADA: ESTUDIOS DE GÉNERO Y SEGURIDAD SOCIAL

Autor: LUIS EDUARDO DÍAZ

Número de páginas: 161 páginas

Fecha de lanzamiento: September 22, 2017

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LUIS EDUARDO DÍAZ con LA MUJER CONFINADA: ESTUDIOS DE GÉNERO Y SEGURIDAD SOCIAL

Mucho después de las quejas, cuando expliquemos lo absurdo de las costumbres machistas y rutinas sexistas, donde las mujeres desaparecen como sujetos, cuando los sentidos no cuadren con lo que es el común de los sentidos; cuando las sociedades se condenen, porque lo inalcanzable se abandona y se dé por perdido la utopía; la mujer, hará que lo que desea, se alcance, porque es indispensable que así sea; porque es infinitamente más larga ella que la desesperanza, y porque terminará por vencer al que la somete.
La mujer, le da fundamento a lo que quiere, hace cierto, lo que sigue remoto e imposible. Cuenta con una energía sin igual. Ha aprendido a funcionar de esa forma. Saca provecho del tiempo, funciona de manera formidable en el trabajo y propaga posibilidades. Sus privaciones, la hacen portadora de acciones creíbles, sensatas e inteligentes que le han servido para dosificar su energía. La mujer reduce lo feo, olvida lo malo y desmiente al poder. Tiene recursos para transformar fórmulas que parecían imperecederas. La censura y el desprecio a su inteligencia, los ha re-canalizado, gracias a sus instintos, sensibilidad y acompañamiento.
La esperanza, que es femenina, no tiene terreno para el cálculo previo, actúa re-constituyendo emociones, con un relato puro y reflexivo. Se puede perder la esperanza, -esa eterna demanda de la humanidad-; puede extraviarse, es cierto. Y puede que hasta no sea importante, porque el sentido que adquiere la vida, es material; porque cuenta lo que se tiene, y la esperanza, por el contrario; cuenta con lo que aún no se detenta. Puede, la sociedad aferrarse a sus ídolos, a los gobiernos, a los recursos monetarios, a los partidos, las armas y las ideologías, pero la esperanza, precisamente, renace en momentos complicados, produciendo lo que nadie haría. Trabaja con la imaginación y los sueños. La esperanza, es un impulso individual que después prende en el colectivo. En el caso de la mujer, la esperanza que le es consustancial, la pone siempre para resolver momentos críticos, escalar y construir. Ha logrado con ella cosas inolvidables. Sin ella, la humanidad no guardaría nada; la producción de sentimientos populares, la frecuencia de las costumbres en la mesa, la obediencia a determinadas pautas familiares, el carácter de los hijos, las numerosas diligencias a su favor, perpetuar una herencia, integrar al resto de la familia y cuidar de los padres; no sería posible.
La capacidad de la mujer y su elección por una ética del trabajo, -por encima de los proyectos de los varones-; es un modo de hacer, más que un modo de pensar, y si la esperanza sirve de algo; es para que la mujer bregue por un mundo mejor, haciéndolo. Los movimientos de mujeres con sus propuestas alternativas, quizá a simple vista, luzcan demasiado cerrados, abstractos en sus deliberaciones y cómodos en sus posiciones, pero son expresiones organizadas y experimentales que reemplazan con mucha imaginación, modos de funcionamiento tradicional para resolver problemas de documentación, titulación, empoderamiento, refugio en caso de violencia, financiamiento y capacitación, aunque, sin constituir opciones políticas más profundas, por su limitado radio de acción. Se cuestiona el crecimiento exagerado, perverso y sin límites para unos, y el crecimiento por lo bajo, de muchas mujeres y hombres anónimos; pese al esfuerzo que hacen o intentan hacer. Deberá combatirse la atrofia de la imaginación y buscar explosiones creadoras y turbulentas, hasta alcanzar la autonomía, con nuevos objetivos políticos y nuevas actitudes humanas(Castoriadis, 1998).La función del derecho, es que la norma no restrinja la libertad de género. La mujer debe presumir de ventajas legales para reducir la desigualdad y eliminar la brecha que pretende aplicar condiciones iguales a lo que en realidad es diferente.
Lo femenino no puede quedar de lado en la cultura de la seguridad social, donde la mujer ha sido expuesta a un segundo plano.